Los colores que utilizas para pintar tu casa influyen en tu estado de ánimo, ya que algunos fomentan tranquilidad, paz, hambre e incluso enojo. De ahí la importancia del color que elijas.
El blanco, el café, el rosa, el azul o el verde, son algunos de los colores más utilizados para decorar las paredes del hogar y cada uno le regala un efecto diferente a los sentidos.
Antes de meterle brocha a una pared, asesórate sobre las gamas de colores que hay y dónde las puedes utilizar. Por ejemplo, los tonos cálidos van bien para las áreas de comida, los fríos quedan perfecto en los baños, los claros para la cocina y los oscuros para las oficinas.
De acuerdo a la decoradora de interiores Alejandra Collado los colores muy fuertes o cálidos, como el rojo, hay que tratarlos con pinzas, ya que pueden provocar reacciones como enojo o furia.
“El rojo te da hambre, entonces puede quedar bien en una cocina, pero hay que encontrar el todo ideal; mucha gente quiere una cocina muy limpia y se va por el blanco”, dice la experta.
Si eres amante de los colores muy vivos, úsalos en adornos, no en paredes completas para que te den un toque único a tu casa.
Un color que siempre queda bien, sobre todo en espacios pequeños, es el blanco, ya que da una sensación de amplitud y regala mucha luz, también te brindará tranquilidad y calma; si te gustan los colores fuertes, los cálidos, combínalos con gris o blanco para que no sean tan molestos a tu mirada o a la de los visitantes.
El amarillo usado con moderación provoca alegría, inyecta energía positiva y brinda inspiración, lo puedes usar si el lugar donde vives es muy frío, ya que genera calor o en un estudio para que te regale inspiración.
Seguridad, paz, reposo y hasta eficaz para mitigar el insomnio, es el color verde, el cual puede quedar bien en una recámara, utilizando un tono menta, por ejemplo, o en el baño en un verde hoja, ya que revitaliza los sentidos.
