Lo que menos hubo en la presentación del Réquiem de Mozart, a cargo de la Orquesta Sinfónica de la Universidad de Guanajuato (OSUG), fue calma.

Contrario al significado de la palabra proveniente del latín, que hace alusión a una “misa para difuntos”, el Réquiem en manos de la OSUG, acompañada de sus invitados, “revivió” al público con su interpretación en el Teatro del Bicentenario.

La soprano Marcela Chacón, la mezzosoprano Melissa Reuter, el tenor Orlando Pineda, el bajo cantante José Luis Reynoso, el Coro del Teatro del Bicentenario acompañados de la OSUG y Jorge Mester como director invitado, se unieron al “banquete”.

Pronto los boletos se agotaron. Al llegar al teatro fue evidente, jóvenes, adultos y uno que otro niño entraban para disfrutar de un par de obras del clasicismo.

La primera parte llegó con la Sinfonía no. 96, “El milagro”, del compositor austriaco Joseph Haydn, una pieza parte de las Sinfonías de Londres, compuestas por el autor durante su primera estadía en la capital inglesa.

La obra escrita para dos flautas, dos oboes, dos fagotes, dos trompas, un par de trompetas, timbales y cuerdas, fue el aperitivo perfecto para el público.

El nombre de la Sinfonía, “El milagro”, nace de una anécdota ocurrida la noche de su estreno, en la que un candil colgante, que acababa de ser removido de su lugar original para permitir una mejor vista del concierto, cayó a la sala de butacas sin causar ningún daño al público.

Pasó poco más de media hora y llegó el intermedio, señal de que el plato fuerte estaba por llegar.

Minutos antes de las 9 de la noche el público se trasladó hasta 1791 con la Misa de Réquiem en Re menor K. 626 de Wolfgang Amadeus Mozart, aunque se interpretó la edición hecha en 2005 por el musicólogo, director y violista, Franz Beyer.

Las voces de Chacón, Reuter, Pineda y Reynoso, lucieron enmarcadas por un maduro coro del Teatro del Bicentenario, dirigido por Jaime Castro Pineda y la ejecución de la OSUG. El gusto de Mester se notó por la sonrisa que acompañó su rostro en cada movimiento.

Luego de poco más de hora y media de música, las voces e instrumentos se fueron atenuando para culminar la misteriosa pieza.

Pasaron sólo un mes y unos día  para que la OSUG volviera a pisar el Bicentenario y los aplausos imparables demostraron que ambas piezas dejaron satisfechos a los asistentes.

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