Todavía no cantaban los gallos y la fiesta ya había comenzado. El reloj marcaba las cinco de la mañana cuando el Santuario de Guadalupe abrió sus puertas a los miles de feligreses que cada 12 de enero visitan a la Morenita del Tepeyac y a San Juan Diego.
La calle Antillón ayer lucía repleta desde la Miguel Alemán y el resto de las vialidades aledañas también estaban abarrotadas entre puestos de comida, juegos mecánicos y mini estudios fotográficos.
Los fieles duraban formados hasta media hora para entrar al recinto religioso, caminaban hasta el altar para saludar a la Virgen y salían pronto, pues no cabía más gente.
La fila era interminable, pero nadie se movía.
La mayoría de los niños, vestidos de “inditos”, llevaban veladores, ramos de flores y platillos de comida como ofrendas.
El sacristán del templo comentó que la organización del evento mejora cada año gracias a los voluntarios y que además el número de visitantes se mantiene, pues por lo regular asisten alrededor de 50 mil personas.
“Hay gente que nos apoya dentro y fuera del templo. Los cuatro sacerdotes que aquí ofician misa se turnan para recibir y bendecir a la gente”, informó.
“Por hoy se suspenden las misas para que más personas puedan entrar a visitar a la Virgen”, añadió.
Familias enteras, parejas y grupos de amigos, todos iban con la intensión de entrar a la iglesia. La familia de Rosario Domínguez tiene más de 40 años asistiendo ininterrumpidamente a la fiesta del Santuario.
Ella junto a sus hermanas, primas y tías, llevan a los niños para que también crezcan con la misma fe que les inculcaron. Desde una noche antes se ponen de acuerdo para asistir y aunque no siempre acuden todos, sí va la mayoría.
“Nos quedamos a darle gracias a Dios, a la Virgen y a San Juan Diego por todos los favores que nos hacen. Venimos por tradición, mis tías nos traían y nosotros les enseñamos a las nuevas generaciones a seguir la devoción”, dijo.
Para los Domínguez, es un día de fiesta, pues comen y celebran por un rato antes de regresar a casa.
Ayer acudieron 18 integrantes, la mayoríacon trajes típicos.
Otros que por primera vez llevaron a su hijo, son Néstor y María Guadalupe, quienes también siguen el legado que sus papás les dejaron.
El amor a la Virgen se demostró ayer de diferentes maneras, pues hubo quienes no tuvieron límites y fueron en silla de ruedas, otros entraron de rodillas y unos más se quedaron hasta la noche para orar.
La Dirección de Protección Civil estimó que alrededor de 40 mil peregrinos acudieron ayer al Santuario.
Preservan tradición
La festividad de los “inditos” es una tradición leonesa que inició el padre Pablo de Anda Padilla hace 140 años y que se conserva hasta nuestros días.
Esta costumbre ya se ha exportado a otros pueblos vecinos como Arandas, Jalisco, donde hoy celebran a los inditos y es la gran fiesta del pueblo. Lo mismo ocurre en San Francisco del Rincón.
Personal del Archivo Histórico Municipal de León (AHML) informó que este evento data del 12 de enero de 1876 cuando el entonces párroco y constructor del Santuario de Guadalupe, el padre Pablo de Anda, inició la tradición de los niños “inditos”, o vestidos de “san juan dieguitos”.
Se señala que cuando aún no existía el Santuario, la festividad de la Virgen de Guadalupe (el 12 de diciembre) se llevaba a cabo en la Catedral Basílica de León.
Ya una vez construido el templo y para evitar que hubiera duplicidad de festejos el mismo día, el padre De Anda ideó que el 12 de diciembre fuera en Catedral y el 12 de enero en el Santuario.
Y así los leoneses se acostumbraron a celebrar todo el año, el 12 de cada mes, pero con el tiempo se olvidaron y quedó sólo un día al año.
